Todos tenemos lugares secretos de vergüenza, creencias infantiles sobre nuestra “maldad”, culpa real y adulta sobre nuestros pecados, pensamientos perversos, fantasías de venganza.

La idea negativa cuando es dirigida, pensada y estratégicamente usada para obtener lo que deseamos según nuestros términos se define a través de las vibraciones de nuestro Ser Inferior.

El Ser Inferior es una defensa a los dolores profundos de la infancia, a la vulnerabilidad y al sentido del victimismo. A menudo queremos desconocer o justificar nuestra negatividad, pero un punto crucial en la sanción espiritual es reconocer nuestro Ser Inferior, aceptando la obscuridad como algo nuestro. Al ceder el orgullo, se abre la razón y la humildad. Se sana la infelicidad en su origen. La creencia nos mueve a darle la espalda al mal y huir de sus manifestaciones. Al negar el mal en nosotros, permitimos que crezca. Debemos encararlo y sacarlo a la luz de la conciencia. Al rechazar el mal, rechazamos la energía vital creativa dentro de él, que se puede transformar a nuestra disposición al tomar conciencia de él.